Aunque usted no lo crea… El 41% de los niños en EE. UU. piensa que “el tocino viene de una planta”

Aunque usted no lo crea… El 41% de los niños en EE. UU. piensa que “el tocino viene de una planta”

El tocino viene de una planta afirman niños en una encuesta La producción de carne es uno de los primordiales impulsores del cambio climático. De ahí que que múltiples campañas procuran fomentar una dieta basada en plantas para atenuar el impacto ambiental que causa el consumo de carne. No es una labor simple, ya que en muchas unas partes del planeta comer carne es parte de la cultura. De ahí que, educar a los niños apropiadamente el origen de los comestibles, como ciertos de los procesos por los que pasan hasta llegar a la mesa, puede estimular menos y, sobre todo, el consumo consciente de carne.

Por servirnos de un ejemplo, la Universidad Furman en Carolina del Sur efectuó una investigación llamado Los niños comen carne inocentemente: una oportunidad para luchar contra el cambio climático. Entrevistaron a los niños para poder ver qué relación tenían con el origen de los comestibles. Para esto, reunieron a ciento setenta y seis niños de cuatro a siete años para hacer 2 preguntas sencillas: ¿Cuáles de estos objetos son comibles? ¿Y cuáles de estos comestibles proceden de animales y cuáles de plantas? Las contestaciones sorprendieron a los estudiosos.

Aunque usted no lo crea… El 41% de los niños en EE. UU. piensa que “el tocino viene de una planta”

A esta edad es normal que los niños se confundan sobre el origen de el alimento, mas cuando menos de los entrevistados, cuarenta y siete de los más pequeños calificaron las papas fritas como de origen animal y el cuarenta y cuatro por ciento pensaba que el queso era un vegetal. Sorprendentemente, el cuarenta y uno por ciento de estos niños creía que el tocino procedía de una planta. Mientras, el cuarenta% cree lo mismo para los hot dogs y el treinta y ocho% piensa que el pollo es un producto vegetal.

Los números no se detienen ahí, hubo múltiples contestaciones que despertaron el interés del equipo de investigación. La enorme mayoría cree que las vacas, los cerdos y las gallinas no son comibles. (setenta y siete, setenta y tres y sesenta y cinco por ciento, respectivamente). Por otra parte, el uno por ciento afirmó que la ropa de cama era comible y el cinco por ciento afirmó que los gatos asimismo lo eran. Los especialistas creen que esta clase de confusión acostumbra a ser provocada por los progenitores.

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Para eludir la molestia de tener que cocinar diferentes platos o bien el posible inconveniente sensible de que los niños descubran que el tocino procede de un cerdo que alguna vez estuvo vivo, muchos progenitores idean la verdad con una terminología muy vaga que acaba impactando los hábitos alimentarios de sus hijos. "Estudiosos de la Universidad Furman".

Los autores del estudio creen que esto no detiene lo jocoso de la confusión infantil, en una edad en la que el pequeño está meridianamente asociado con dónde y de qué manera llega el alimento a la mesa, mas es una ocasión para meditar y también agregar más productos a base de plantas. nuevas generaciones y cambios de hábitos para reducir la huella de carbono que producimos con solo comer.

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Muchos justifican comer carne de crianza. Los planes de estudio de numerosos países incluyen “formas equilibradas de comer”, en las que la carne forma parte. No obstante, concéntrese más en qué comer en sitio de educar a los niños las fuentes de donde procede el alimento. Además, mientan que medrar en estrecho contacto con los comestibles se asocia a mayores niveles de conocimiento en la niñez sobre el origen y producción de los comestibles.

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A la medida que los sistemas alimenticios ganan dominio en el planeta, es menos común que los niños medren en campos o bien granjas, por lo que los niños se alejan poco a poco más de las plantas y animales que comen. Por otra parte, existe una asociación con las habilidades de los animales que cobra relevancia ya que “las personas atribuyen menos habilidades mentales a los animales que comen, como pollos y vacas, en comparación con animales que generalmente no sirven como fuente de comestible. como leones y delfines ”.

Efectivamente, aprovechar este “ingenio” de los niños para abordar nuevas opciones alternativas alimenticias en favor del medioambiente puede resultar positivo. Todavía de este modo, hay personas que se resisten a hacerlo debido a su apego a comer carne, que piensan que lo hagan o bien no, no va a tener mucho impacto. Los autores especialistas están de pacto con esto, mas plantean un cambio de enfoque para entender mejor las causas y consecuencias.

Cambiar la manera en que comemos no va a ser, en sí mismo, suficiente para salvar el planeta, mas no podemos salvar el planeta sin mudar la manera en que comemos. - Jonathan Safran Foer, autor del libro Eating Animals.

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